jueves

How do you start a fire when there's nothing to burn?

Empieza a oscurecer. No lo veo, pero empiezo a sentirme cansada.
Thursday se acurruca a mis pies, y me mira con cara de sueño. Sí, es tarde.
Yo, escribo mientras juego un pulso con el sueño. Los pensamientos invaden mi cabeza como la oscuridad lo hace con estas cuatro paredes, este pequeño habitáculo el cual muchas veces se me hace inmenso.
Por mis oídos se cuelan las notas de High Hopes.
Apago la luz, me acomodo y me tapo hasta el cuello. El revoltijo de pensamientos me sigue comiendo; algo me dice que esta noche será difícil conciliar el sueño.
Doy vueltas y vueltas.
Llevo un rato intentando convencerme de que este año no será igual que los demás, y así será, me lo he prometido. Son cuatro años recayendo en lo mismo y hay cosas que deben tener su fin.

Odio la monotonía de los días, todos son completamente iguales.
Cuando llega la noche y tienes ese momento para ti, a solas contigo mismo, ¿no notas el frío? Sí, ese que te recorre la columna y te llega hasta el lagrimal.
Ves que cada vez estás más solo, abandonado incluso por ti mismo.
Sinceramente, estoy harta de sentir ese frío. Necesito ese abrigo que tanto anhelo, necesito la calidez de una sonrisa, el aire caliente chocando en mi nuca, el tacto de unas manos deslizándose lentamente por la cintura, el despertarte por las mañanas de espaldas sabiendo que está ahí.
Es desesperante lo que un puñado de sentimientos y palabras pueden llegar a hacer. A doler.
Sigo dando más vueltas.
Y no me duermo.