jueves

Calella de la Costa, julio de 1977: Para inventar el mundo cada día

Charlamos, comemos, fumamos, caminamos, trabajamos juntos, maneras de hacer el amor sin entrarse, y los cuerpos se van llamando mientras viaja el día hacia la noche.

Escuchamos el paso del último tren. Campanadas de la iglesia. Es medianoche.

Nuestro trenecito propio se desliza y vuela, anda que te anda por los aires y los mundos, y después viene la mañana y el aroma anuncia el café sabroso, humoso, recién hecho. Se te sale por la cara una luz limpia y el cuerpo te huele a mojadumbres.
Empieza el día.
Contamos las horas que nos separan de la noche que viene. Entonces nos haremos el amor, el tristecidio.

E.G.