Me río a carcajadas de todos los necios que todavía guardan sus patéticos principios en tiernos corazoncitos de cristal. Todavía creen en algo, ¡pobres! Agazapados bajo sus tristes convicciones de juguete. Dios, ¡qué horterada! La única ocupación que les preocupa - contemplar pasivos su propia corrupción e intentar contagiar al mismo tiempo la lepra a los demás - les impide comprender fenómenos como éste. Se asustan y retroceden desesperados cuando un comportamiento no conduce a nada, ni busca nada, fuera de sí mismo. ¿Por qué? ¿Por qué ocurre esto? Porque sí, capullo. Aquí no hay razón ni moral ni sentido. ¡¡Basura sentimental, llorones de mierda!! Yo no necesito creer en nada ni esperar nada, porque todo es nada. ¡Nada! ¡Sí! ¡Sí, ven a mí, aniquílame, ángel exterminador! Bum-bum-bum-bum... suenan los tambores de la Isla de la Calavera. Bum-bum-bum-bum... ¡¡Baila conmigo si tienes cojones!! Mata las putas neuronas que nos queman todos los días, mata lo que te diferencia... Mata a esa vocecilla que te pide explicaciones. Aniquila lo que te ata a la contingencia. Aniquílate a ti mismo. ¡Lo único que deseo es prolongar esta nada por siempre, unirme al caos y bailar con él su danza purificadora, reírme hasta morir, reírme como una ametralladora, blasfemando y farfullando, absurdos, girando y girando eternamente en el mismo vórtice del universo!
Payasos en la lavadora.
Hace 14 años
