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jueves

Into the wild

Lo de hoy, va a ser un típico tópico en todo su conjunto; no va a haber ningún hecho que alguna vez sucedió en algún punto de mi vida enmascarado en una historieta de poca monta, ni ningún fragmento de película, libro o canción. Hoy voy a poner los pies en la tierra y voy a hacer una reflexión, creo que es algo que todos necesitamos llegados a un punto, y creo que a mí me ha llegado.

Justo el otro día me volví a dar una vuelta por el cajoncito que tengo por memoria, casi cuatro años atrás, y pienso que quizás en este momento estoy igual de perdida que entonces, aunque sea en otras circunstancias. Después de un palo tan grande como el que me pasó, decidí meterme en aquel foro del grupo, cosa que puede parecer una estupidez, pero si no lo hubiera hecho, si no hubiera conocido a esas personas, si no hubieramos hechos aquellas locuras, si no hubieramos sido como hermanos, yo a día de hoy no sería la persona que soy. Fíjate, hasta me tatué aquella época, y mucha gente me sigue preguntando que por qué me tatué el logo de un grupo (que además, dibujó Pelón), que me arrepentiría. A día de hoy les sigo contestando que "no es el grupo, soy yo", y seguramente siguen pensando: está loca. Pero sigo manteniendo firmemente que no me arrepiento ni me arrepentiré, estoy hecha de las experiencias que me han tocado vivir (que a pesar de mi edad no han sido pocas ni fáciles) y de las que todavía están por llegar, de gente que he conocido, conozco y conoceré, y de muchos otros factores que engloban el crecimiento personal de una persona. Y en la vida, puede pasar como con el grupo: que algo termine, que deje de existir, que una etapa concluya, pero seguimos en lo mismo: es otra experiencia más de la que aprender. Ahora mismo podría llamarme loca, pero no sé si habrá sido casualidad, destino o qué cojones, pero ayer Pelón colgó una foto del día en que unos pocos nos conocimos en persona. No sé por qué motivos lo habrá hecho, pero a mí me ha hecho recordar todo esto. Después me puse a mirar fotos del 2007, en Murcia, cuando nos conocimos todos y pasamos juntos los 4 días del Leyendas del Rock. Y al año siguiente, otra vez en el Leyendas del Rock, volvimos a reunirnos, y a pesar de que muchos ya hacía tiempo que no manteníamos el contacto, estábamos ahí, y cuando nos enteramos de que el otro Iván no iba a venir por el fallecimiento de su madre en el accidente de Spanair, todos le llamamos para hacerle saber que seguíamos ahí. Eramos como una familia.

Con todo este rodeo, sólo quiero llegar a un punto, en el que estas personas, recuerdos y el grupo tienen mucho que ver: el Ave Fénix (y lo que conlleva su propia historia dentro de un contexto que sólo unos pocos conocemos). En aquella época todo eran cambios, dolores de cabeza, malas rachas, palos a diestro y siniestro, pero seguíamos estando al pie del cañón, nos apoyábamos mútuamente. Y como ya he dicho al principio, ahora vuelvo a estar desorientada, pero sé que me voy a acabar llevando por delante todo lo que se me ponga y más, con ayuda de las personas que, a pesar de que hoy en día son otras distintas a las de aquella época, forman parte de mi vida.

Hace poco, le escribí a una de estas personas: "No sé qué hago despierta a estas horas, pero si no hago esto, no me iré tranquila. Lo que has hecho hoy... Ha sido salvarme. Sonará dramático, pero piensa: no deja de ser verdad. Gracias por esos momentos que hacen que no me sienta tan pequeña en este mundo, saber que hay alguien más dispuesto a compartir el peso de la vida conmigo y no tener que cargar con todas las maletas. Estoy llorando de tristeza, emoción y gratitud. No sé cómo expresar todo este revoltijo de sentimientos que rebotan en mi cabeza una y otra vez, creo que sinceramente algo tan grande no se puede medir con palabras, porque no las hay. Cuando me has mencionado lo de "en la vida no es tan importante ser fuerte como sentirse fuerte", aunque me ha hecho sonreir por el contexto, me han entrado ganas de desplomarme; no sé por qué, ha sido muy extraño. Solamente sé que en estos momentos pienso en ti como una de esas personas que me hace sentir fuerte, por la que cometería mil y una locuras si hiciera falta, y precisamente por eso, no haría la más grande." Gente como ella son las personas que merecen que sigas adelante con la convicción de que todo va a salir bien y que lo conseguirás. Otra vez más.

[...]

Podría tirarme horas y horas escribiendo, pero creo que lo voy a dejar aquí, no sin antes repetirme a mí misma que "en la vida no es tan importante ser fuerte como sentirse fuerte" y que "la felicidad sólo es real cuando se comparte", por algo es una de tus películas favoritas: hazte caso y cómete el mundo. Y si otra vez vuelves a tener dudas, vuélvete a leer esto, vuelve a saber que eres quien eres gracias a las decisiones que has tomado, las cosas que has hecho y tienes que estar con la cabeza bien alta por ello. Sandra, no te des nunca por vencida, resurge y no te pierdas.




Ave Fénix SIlver Fist
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sábado

April obscured by clouds

- Algo ocurre en mi cerebro. Y aunque me siento ridícula, lloro.
- Tranquila, es tan saludable disfrutar de las emociones como disfrutar de la mermelada - me contestó.
- No sé qué ha pasado...
- Todos hemos pasado muchas noches agitadas en la cama dándole vueltas a algún problema personal o amor conflictivo. Surgen imágenes que luego desaparecen. Se desarrollan escenas, reaparecen fragmentos de conversación sin saber de dónde, se disuelven, vuelven a repetirse. Te envuelve una ola de ira, después de compasión, después de desesperación. Luego la racionalidad se impone un momento y resuelves hacer esto o lo otro. Y así sigue el debate mientras las agujas del reloj avanzan de las tres a las cuatro. En tu cabeza se está celebrando una junta de comité.

Mientras me secaba las lágrimas con una servilleta, sopesaba sus palabras y analizaba el efecto tranquilizador que me producían. Miré a aquella desconocida que me hablaba como si me conociera de toda la vida. Le di un sorbo al café mientras me sonreía plácidamente.



Era una tarde lluviosa, típica de Londres, y aunque ya me había acostumbrado a este clima, hoy era un día en el que me sentía realmente extraña, esos en los que te levantas pensativa y algo agitada. Hacía un par de meses que Kylian se había marchado a Francia por cuestiones de trabajo, y aún tardaría tres meses más en volver. Lo único que me queda de él aquí es su foto en la nevera y una nota: "Sous la lumière en plein et dans l'ombre en silence, si tu cherches un abris inaccessible, dis toi qu'il n'est pas loin, et qu'on y brille à ton étoile, à ton étoile... Sé que es tu canción preferida. Pensaré todos los días en tí. Y te llamaré. Je t'aime, Silvia. Ton étoile, K."
Pocas veces ha llamado. Supongo que debe estar ocupado. Contínuamente me pregunto qué estará haciendo, si de vez en cuando piensa en mí. No soy muy celosa en esto de las relaciones personales, pero he de reconocer que a veces... A veces me he llegado a preguntar si realmente me sigue queriendo, si todas sus palabras son verdad. Si se debe estar viendo con otra persona... aunque eso prefiero apartarlo de mi cabeza.

Por otra parte, Éline, compañera de piso y hermana de Kylian, no para por casa. Sus estudios de filología, su trabajo a media jornada en la tienda de libros de la calle 4... Y aun así saca tiempo para estar con Nick. Pero nunca están en casa.
A veces el silencio que reina en el piso se hace tan grande que no lo puedo soportar.
Y hoy, más que nunca, el silencio se me comió. Decidí darme una ducha y salir a la calle a despejarme. Caía una buena tormenta y hacía mucho viento, pero no me importaba, necesitaba desprenderme de ese pegajoso silencio de mi piel. Tenía intención de ir al parque, pero no sé por qué cogí el camino contrario, y empecé a caminar sin un rumbo establecido. A veces está bien hacer cosas fuera de lo convencional. Me metí en un café que hacía esquina que no había visto nunca y que me pareció acogedor, y tomé asiento en el fondo del local, en una mesa libre que había al lado del gran ventanal desde el cual se podía ver toda la avenida. Estuve un rato allí, sentada, removiendo la taza de café caliente sin ganas, mirando como el líquido marron daba vueltas y vueltas formando un remolino. Levanté la vista y a través del cristal vi a una mujer que, cruzando la calle, se le rompió el paraguas, y refugiándose de la lluvia, entró en el bar.

- Uf, vaya una está cayendo.
- Ni que lo diga, un día de estos se inundará la ciudad. ¿Qué le pongo?
- Un té con leche
- Enseguida.

La mujer se sentó dos mesas más allá de la mía, deshaciéndose de su abrigo y su paraguas roto, para después peinarse unos mechones de pelo que el viento había descolocado.
Yo, la observaba sin pensar nada. Giré la cabeza y volví la vista hacia el exterior del ventanal, con la mente en blanco, mirando las grises calles de la ciudad durante un rato. Y todavía no sé por qué, ni cómo, volví a pensar en Kylian, en los últimos días que le vi y en los últimos momentos que compartimos. Sabía que no iban a ser los últimos, o al menos eso esperaba, pero algo me empujó a recordarlos. Sus ojos verdes y abiertos, su fino pelo que tanto me gustaba tocar, sus manos y sus largos dedos que tanto me gustaba que me tocasen la piel... Soñé despierta un rato más, y volví a pensar en ese sentimiento de soledad que me rodeaba. En el acto, sentí que un par de lágrimas asomaban por mis mejillas, y me di cuenta de que la mujer me miraba. Intentaba esquivarle la mirada, pero seguía clavándome los ojos. Después de haber gastado mi último pañuelo, se levantó de su mesa y se sentó junto a mí, dejando su té con leche aún humeante encima de la madera oscura. La mujer me miraba, pero de repente, me di cuenta de que no sentía ningún tipo de vergüenza ni necesidad de esconderme. Miré bien su cara y me transmitía confianza, y sus ojos, tranquilidad. Tenía la sensación de que me comprendía, sin saber su nombre, sin haber dicho ni una palabra. Pasado un rato, decidí dar el primer paso:

- Algo ocurre en mi cerebro. Y aunque me siento ridícula, lloro....


Me escuchó, la escuché, nos compenetramos mutuamente, y aunque era la primera vez que nos veíamos, nos entendimos. Supongo que es cuestión de que entre mujeres nos entendemos, porque ella tenía unos años más que yo y eso le daba experiencia, o porque aquella mujer sentía la necesidad de ayudarme, de ser una madre o una amiga. Después, una vez se me hubo pasado el disgusto, continuamos hablando de todo y de nada, de cosas importantes y no tan relevantes, pero que para nosotras sí que tenían sentido.

- Tonterías lo son todo en esta vida. Es cuestión de perspectiva.

Y una vez hubo concluído la conversación, nos miramos a los ojos, me deseó suerte en la vida, me sonrió tiernamente por última vez, y se marchó. Consiguió que mis preocupaciones volaran de mi cabeza durante todo el día. Aunque tenía la certeza de que no la volvería a ver, sabía que ambas no olvidaríamos aquella tarde, que la magia de aquel momento permanecería grabado en los archivos de nuestra memoria.
Que los encuentros casuales, a veces, son los que más te marcan.

jueves

In the shadow of his smile

Una mañana despiertas, aturdida, sin saber dónde estás ni qué hora es. Los primeros rayos de sol se cuelan por las rendijas que deja la persiana y por las cortinas de color crema. Te pasas la mano por el pelo y te aprietas las sienes. Sientes un punzante dolor, como si te estuvieran golpeando mil martillos uno detrás de otro, sin cesar. Sobrecarga de pensamientos. Te giras y ves durmiendo plácidamente a un hombre de tez morena y cabellos cortos de chocolate. Te sobresaltas: esa no es tu cama, no son tus sábanas ni tus almohadas de plumas. El aroma de las feromonas asfixia el ambiente. Te levantas y empiezas a caminar, con gesto desesperado y sin hacer ruido, e intentas sacar de tu cabeza algún detalle que te haga recordar quién eres. Te miras frente al espejo que hay al lado del balcón y te ves despeinada, con el maquillaje corrido, la cara demacrada, el cuerpo lleno de arañazos y estigmas, y completamente desnuda. La única ropa que llevas puesta es la culpa.
Empiezas a creer que eres capaz de recordar algo, pero tienes algo que sí sabes: te has pasado toda la noche follando con un auténtico desconocido, no recuerdas su nombre, ni dónde lo conociste, ni cómo has acabado en su casa.
Delante del espejo, notas como te desplomas, y tu cuerpo cae al suelo; te encoges, contínuos escalofríos se pasean por cada uno de los sucios rincones de tu cuerpo. Encogida en una esquina, se crea un muro a tu alrededor que lo ha ennegrecido todo, y te sientes en un vacío abismal como en el que nunca habías estado. Lloras, te arañas, gritas hasta desgarrar tu garganta. La desesperación y el miedo se apoderan de ti, y no puedes hacer nada para remediarlo. Empiezas a recordarlo todo, fotograma por fotograma. Tú y él, en su cama, como si fuerais uno, sintiéndoos blasfemos y sucios, gimiendo de placer, disfrutando como si fuera vuestra última noche en la tierra. Sobredosis de pasión.
Lloras y gritas cada vez con más fuerza.
Un sentimiento enorme de arrepentimiento y culpabilidad te va comiendo por dentro.
Tú no querías eso.
Tú sólo buscabas alguien que te hiciera sentir especial, la reina de la velada noche tras noche, que te hiciera enseñar los dientes al sonreír, que te dijera que te quiere, que te abrazara para poder escuchar vuestra respiración al son del tic-tac del reloj, sentir vuestros labios chocar y saborear vuestra boca. Alguien que te hiciera estremecerte con cada palabra que saliera de su boca.
Resaca de sentimientos.



(Exceso de nicotina. Sueño. Pellizcos de drogaína. Soledad. Y post-punk de los ‘80)


- And the temple of love is falling down -

Sur l'autre rive je t'attendrai

Es tarde.
Alza la vista y ve como las estrellas se comen el inmenso espacio negro que hay ahí arriba, sobre sus cabezas. Se respira tranquilidad y algo que no sabría definir exactamente; como una mezcla de satisfacción, bienestar y... silencio.
Estira los brazos hacia atrás para apoyar el peso de su cuerpo y nota el suave y húmedo tacto de la hierba entre sus dedos; una imagen con la que siempre ha disfrutado bajando la vista hacia su mano, apoyando la cabeza en su hombro izquierdo y medio esbozando una sonrisa al saber que está a su lado. Juguetea unos segundos con los dedos y vuelve a mirar hacia arriba.
Sigue contemplando el cielo, algo que le fascina.
Se siente bien, y piensa en lo afortunada que es al estar con él, los dos bajo el mismo techo de color oscuro, uno al lado del otro. Vuelve a alzar unos centímetros la mirada; ésta ahora va dirigida hacia él, y lo ve concentrado mirando hacia arriba.
Un hormigueo le recorre los brazos: le advierten de que se le han dormido. Decide estirarse en su regazo, y le gustaría que ese momento nunca acabara, que durara hasta la eternidad. Observa la oscuridad, y nota cómo la brisa nocturna le acaricia las mejillas y cómo la hierba se le escurre entre los dedos.
Todo está en calma, en sus oídos sólo se oye el ruido de las hojas de los árboles moviéndose y el zumbido del aire que se ha levantado: empieza a hacer frío.
Estirada en su regazo y con los ojos cerrados, ya no sólo oye aire, sinó también un leve ruido que se formaba al chocar contra las hojas.

Las gotas de lluvia la despertaron.

Aquella noche salió a dar un paseo entre la penumbra, como de costumbre, y se paró en el mismo lugar, a la misma hora. Se estiró en la orilla del río, y esa noche especialmente, se sentía bien. Tan bien, que no se dió cuenta de que las horas pasaron volando delante suyo y que todo lo que se pensaba que estaba viviendo, era un sueño.
¡No podía ser un sueño!, ¡Ella notaba su presencia!
Notaba su presencia como si estuviera allí mismo, junto a la orilla, el agua, las hojas, el aire, las estrellas... junto a ella.

Pronto empezó a masticar sus palabras; sabía que por mucho que le notara, no era cierto.
Segura de ella misma, reconocía: "Me conformo con saber que estamos bajo el mismo cielo, las mismas estrellas, la misma Luna y las mismas gotas de lluvia..."

Pero no, se engañaba. No se conformaba. Le quería a su lado y no tan lejos.




Sur l'autre rive j'attendrai
Des années durant
Avec l'espoir de revoir un jour
Ton éternel visage d'enfant
Dont les étranges yeux argentés
Trahissent l'âge et la sagesse.
Navigue longuement par-delà la brume
Pour regagner les abords de Pays Lumineux
Abandonnant les malheurs des vies passées
Les sourires timides et douloureux
Sur l'autre rive je t'attendrai...
Siempre quise que la angustia fuera agua; que todo el dolor que produce la falta de oxígeno en la alegría, en vez de converstirse en desesperanza, formara pequeñas gotas para así poder dar nombre y tamaño a ese dolor que alicata las paredes del estómago cuando sabes que no hay marcha atrás.


Cuestión de principios

"No importa si tienes éxito o si fracasas. No importa si llegas a la meta o simplemente te quedas a las puertas. Lo importante no es la meta, es el camino...
Durante toda su vida la fuerza motriz que había desperezado su ya cansada imaginación había sido la voluntad. Pero eso sólo era el combustible, el alimento que hacía que su cuerpo y su mente no se doblegaran ante el fracaso, esa fuerza invisible que le hacía levantarse cada mañana y mirar a los ojos a la derrota, y apartándola de un golpe, enfrentarse a sus sueños.
Cada vez que se quedaba frente a frente con un lienzo en blanco lo estudiaba, incluso se diría que hablaba con él:

- ¿Tú que quieres ser? - le preguntaba-.

Y antes de escoger los colores de la paleta, sabía perfectamente en qué pigmento debía sumergir su pincel, su alma... En el de la pasión. Hagas lo que hagas en la vida, triunfes o fracases, sea por divertimiento o por oficio; hazlo con pasión. No importa si es bueno o malo, mediocre o sublime.
El arte sin pasión es como besar a una piedra, carece de calor, de alma... Hagas lo que hagas en tu vida, hazlo con pasión.

Una perla es un insignificante grano de arena, no es importante, nadie le presta atención. Pero con el tiempo, la constancia y la pasión hacen de él algo precioso, algo tan valioso que hasta los océanos le rinden pleitesía.

¡Todo sueño empieza por ser pequeño!".